«Nankin». Un cómic para denunciar el holocausto japones en China

Ahora que conmemoramos efemérides, el setenta aniversario del Desembarco de Normandía o el primer centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, parece que todo debe cuadrar según unas fechas. Una de ellas, siempre viéndolo desde perspectivas eurocentristas, es el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, justo en el instante que la Alemania nazi invadía Polonia. Sin embargo, esta no tendría su verdadera dimensión mundial hasta el 7 de diciembre de 1941, cuando la Armada Imperial Japonesa atacaba la base naval de Pearl Harbor y Estados Unidos entraba en la guerra. Como he señalado las fechas aparecen señaladas por determinadas inercias. Un ejemplo que ayudaría a entender ciertas limitaciones y comprender que la Historia está formada por una serie de sucesos casi secuenciados, y para este periodo podríamos incluso acudir a nuestra Guerra Civil, deberíamos acudir al Sudeste Asiático y recordar la Segunda guerra chino-japonesa (1937-1945). En principio, aunque se trata de un conflicto entre países, termino siendo uno de los frentes de operaciones de la Segunda Guerra Mundial en esta zona del mundo.

nankinUno de los episodios más significativos de esta segunda guerra se desarrollaría en la ciudad de Nankin (Nánjīng), 1937-1938, uno de los puntos más oscuros del holocausto japonés. Nankín en aquel momento era la capital de la República de China, con dos fases la breve Batalla de Nankín, del 3 al 13 de diciembre de 1937, y la Masacre de Nankín, entre el 13 de diciembre de 1937 y enero de 1938.

Con respecto a la masacre, el cine, en los últimos años, fundamentalmente desde producciones chinas, ha mostrado su visión de los hechos. Es indiscutible que las producciones chinas tienen un objeto propagandístico y reivindicativo frente a Japón, entre otros asuntos, por no estar aún resuelto el tema de las miles de mujeres chinas esclavizadas sexualmente por las tropas japonesas. Los títulos son: John Rabe (Florian Gallenberger, 2009, almena), hombre de negocios alemán que salvó de la masacre a unos 200.000 chinos; Ciudad de vida y muerte (Nanjing! Nanjing!, Chuan Lu, 2009, china); Las flores de la guerra (Jin líng shí san chai, Yimou Zang, 2011, china); y el documental de HBO Nanking (Bill Guttentag, 2007, estadounidense).

Ahora llega el turno del cómic. En 2011, la editorial francesa Les Editions Fei, lanzaba Nanking, con guión de Nicolas Meylaender e ilustraciones de Zong Kai, historia que ha tardado unos años en ver una edición en castellano de la mano de Ediciones Kraken.

La historia tiene como argumento principal un hecho real, la defensa del honor Xia Shuqin, una superviviente de la masacre de Nanking, frente a los tribunales japoneses y a los grupos revisionistas de aquel país que niegan aquel episodio. Este hecho, que parece residual, es determinante para toda una narración, sencilla, directa y contundente. El abogado de Xia, Tan Zhen, recupera algunos episodios ocurridos en aquella ciudad entre diciembre de 1937 y enero de 1938. Varios testigos a los que recurre, ayudan a refrescar la memoria individual, llena de horrores y tragedias personales, para conformar una memoria colectiva, como la ejecución masiva de soldados chinos, el saqueo y el asesinato indiscriminado de civiles, incluido menores, y la violación sistemática de mujeres de todas la edades. No obstante, dentro de aquellos días terribles surgieron algunas personas, extranjeras, que consiguieron proteger y salvar a un cuarto de millos de ciudadanos chinos, como el comerciante alemán John Rabe.

El relato, escrito por el guionista Nicolas Meylaender, sin ahondar en una versión dramática, consigue ser directo, pues utiliza un lenguaje simple y sencillo. Quizá, por la propia historia, tiene un peso mayor la ilustración.

Diseño ilustraciones: Las viñetas se distribuyen a lo largo de las páginas en varios formatos y organización, vertical, horizontal, varias en una página. En ocasiones excepcionales, cuando quiere expresar la importancia del momento, utiliza la doble página, mostrándonos la montonera con solados chinos ejecutados o el tránsito de Xia Shuqin y su hermana, ya huérfanas, por una Nankín en ruinas y repleta de cadáveres.

Los colores básicos son el azul y el rojo, el primero identifica la línea temporal actual, mientras que el segundo identifica los días de la masacre. Es necesario indicar que ambos colores son utilizados para rellenar los fondos, principalmente el horizonte vacío. A partir de aquí, se juega con el negro y el gris terroso, tonalidades empleadas para las figuras y los ambientes urbanos e interiores. El color negro también es utilizado en las fases nocturnas del día, para el cielo o para recalcar la oscuridad de las viviendas.3-_Nicolas_Meylaender_Zong_Kay_-_Nankin_-_mars_-_2012

No obstante, existe una excepción, en las páginas 68-69, aquí, uno de los testigos utilizados por el abogado muestra la documentación recopilada de la masacre, aquí el fondo es blanco. Es muy probable, que se busque recalcar el valor testimonial de dichos documentos.

Por otro lado, existen otros recursos interesantes desarrollados por el ilustrador Zong Kai. El rostro de los ciudadanos chinos está bien delineado y es identificable para el lector, por el contrario, las tropas japonesas, salvo algunas excepciones, parece espectros, hombres sin rostro, autómatas para el aniquilamiento. Lógicamente, existe una doble estrategia frente a los lectores, aumentar la empatía desde la perspectiva de las víctimas y amplificar la criminalización de los verdugos.

gallery_574_253_84885A pesar de las imágenes increíblemente duras y repugnantes que se dieron a diario durante aquellas semanas, las escenas que deben recordar los crímenes contra la humanidad, aunque explícitas, no son extremadamente directas. A veces, surge el debate interno para trazar un línea entre realismo o morbosidad, quizá aquí Zong Kai ha preferido crear un cómic memoria y no confundir a los lectores.

En definitiva, tenemos en nuestras manos un cómic memoria, que quiere recuperar, frente a los negacioncitas japoneses, los crímenes contra la humanidad, el genocidio sufrido por la ciudad china de Nankín. Si atendemos al público general del cómic, parece que los autores quieren concienciar al lector más joven.

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